viernes, 18 de julio de 2014

round_about_circus


(Archive for the 2011's ‘Uncategorized’ Category) On a Mental Lapse: David Bowie’s Space Oddity Postlacanian and Predeconstructive Splitted Self Striking Me [My?] Back!


I’m sitted next to the window. Ground control to major Tom. I left the window open. Commencing countdown engines on. The sun.  Now it’s time to leave the capsule if you dare. It comes through the window. This is Major Tom to ground control, I’m stepping through the door. My cheeks are warm. I’m anxious. Here Am I sitting in the tin can.  I went to the supermarket this afternoon. [repeat]  And the stars look very different today. Bought some fresh onions, milk, bread, degreaser, biscuits and a box of Tampax. I’ve been thinking a lot. Sometimes it feels like way too much though. Your circuit is dead. What about? Can you hear me Major Tom? Life? People? Myself? I don’t know. I’m feeling apocalyptical and bleu lately. I’m feeling very scared.  Why? I told you, I don’t have any idea. [repeat]  Maybe ‘cause when we think we know ourselves sufficiently to act, to engage ourselves, to fight, to keep your words, to walk, to see, to control your motherfucking impulsions, to live and I’ll cross one hundred thousand miles then plaf! we fall again on our asses or ideals or whatsoever I’m feeling very scared makes yourself some kind of a valuable person – so hard that… well you know. It’s damn sad. I think my spaceship knows where to go. Ok. Understood. Assumed. It is not the end of the world, isn’t it? Guess not, even if…  nothing. I’m going for a gelato now. Pistachio, of course. [Stands up] [sings] “Chchchchanges on a base of strange, changes! [sighs] Time may change me, but I can place time”, huh! [door shut]

Please do not rotate dials or stretch cords!

esperar. (del lat. sperāre). allá los reales de la academia dicen que significa: 
1. tr. Tener esperanza de conseguir lo que se desea.
2. tr. Creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable.
3. tr. Permanecer en sitio adonde se cree que ha de ir alguien o en donde se presume que ha de ocurrir algo.
4. intr. No comenzar a actuar hasta que suceda algo.
Esperó A que sonase la hora para hablar.
5. intr. Dicho de una cosa: Ser inminente o inmediata.
Mala noche nos espera.
6. intr. Poner en alguien la confianza de que hará algún bien.
Espero EN ti.

yo espero - tu esperas - él o ella espera - nosotros esperamos - ustedes esperan - ellos o ellas esperan

Espera o el vaticinio de una promesa incumplida, gramática de la paciencia y del silencio; ayuntamiento de la memoria y el recuerdo; desencuentro; regazo de la melancolía. Eso hubiera dicho mi abuela queriendo citar a Marcel Proust. Nunca terminó la escuela y prefería los polvorones a las magdalenas.
  
Hoy te miraste al espejo antes de tomar tu puesto. Mirá vos, tanto cabello blanco. El tiempo se escurre como agua entre lo dedos, pensaste. Cierras el grifo y le mimas una mueca a tu doble. No olvides el café. Sentado en el sofá del living observas por espisodios el teléfono, regresas la mirada al libro, al techo y dormís hasta media tarde. Al despertar miras el reloj de pared una vez más, luego el teléfono. 

Esperó A que sonase la hora para hablar.


sonar. (del lat. sonāre).
1. intr. Dicho de una cosa: Hacer o causar ruido.
2. intr. Dicho de una letra: Tener valor fónico.
3. intr. Mencionarse, citarse.
Su nombre no suena en aquella escritura.
4. intr. Dicho de una cosa: Tener visos o apariencias de algo.
La proposición sonaba a interés y la aceptaron.
5. intr. coloq. Dicho de una cosa: Ofrecerse vagamente al recuerdo como ya oída anteriormente.
No me suena ese apellido.
6. intr. vulg. Arg., Bol. y Ur. Morir o padecer una enfermedad mortal.
Fulano sonó. Nuestro amigo está sonado.
7. tr. Tocar o tañer algo para que suene con arte y armonía.
8. tr. Limpiar de mocos las narices, haciéndolos salir con una espiración violenta. U. m. c. prnl.
9. tr. Susurrarse, esparcirse rumores de algo.
MORF. U. solo en 3.ª pers. Suena que habrá crisis.
yo sueno - tu suenas - él o ella suena - nosotros sonamos - ustedes suenan - él o ella suenan 

Entonces, te precipitás sobre el aparato y un súbito dolor de estómago se ampara de vos . La adrenalina posee cada centímetro cuadrado de tu cuerpo y cuando al fin logras contestar…escuchás la voz ronca de tu madre o ¿era tu vecina? quejándose de los ladridos del perro -pero qué perro si no tenés- o ¿acaso te pedía que regaras las plantas mientras está de vacaciones en Turquía? Que tedio.

Mala noche nos espera.


Perseveras porque crees en la palabra. Tomas un sorbo de café. Respiras. Te mirás los zapatos. Abrís la ventana. Regresas al sofá. Hoy te atacas a Beckett.  

Fulano sonó. Nuestro amigo está sonado.


ESTRAGON:
Oh yes, let’s go far away from here.
VLADIMIR:
We can’t.
ESTRAGON:
Why not?
VLADIMIR:
We have to come back tomorrow.
ESTRAGON:
What for?
VLADIMIR:
To wait for Godot.
ESTRAGON:
Ah! (Silence.) He didn’t come?
VLADIMIR:
No.
ESTRAGON:
And now it’s too late.

Please do not rotate dials or stretch cords! leía un papelito sobre el teléfono.
Miras el reloj de pared una vez más, luego el teléfono. Suspiras. Intentas convencerte -ahora es muy tarde. 

Espero EN ti.
Su nombre no suena en aquella escritura.

miércoles, 2 de julio de 2014

Emma [Bovary], sus lecturas románticas (otro ensayo del baúl)

Antes de casarse, Emma había creído estar enamorada; pero como la felicidad que esperaba de aquel amor no había hecho su aparición, pensó que se había equivocado. Y se preguntaba intrigada qué es lo que había que entender concretamente en la vida por palabras como dicha, pasión y ebriedad que le habían parecido tan maravillosas en los libros.

Este pasaje demuestra el desfase entre la personalidad de Emma y su realidad. La idealización de su futura condición de casada consecuentemente la había llevado a la desilusión y luego a la frustración. Para remediar esa condición había creado nuevas idealizaciones que la llevarían a su vez a una frustración mayor que terminaría en el suicidio. Lo mismo se pudo haber escrito de la mayoría de nosotros. En este sentido la obra de Flaubert tiene una gran vigencia y universalidad. Tal vez la historia del hombre moderno sea el continuo y universal empeño en acceder a una realidad-otra, un ansia de trascender nuestra cotidianidad, un deseo de ser lo que nuestras elucubraciones pueden articular, de ir mas allá del sujeto humano.

Emma se enfrentaba a una disyuntiva fomentada por sus lecturas. Como un Quijote moderno estaba embebida en el carácter romántico de sus lecturas. Sus definiciones de lo que debería ser la experiencia vital estaban conformadas en los enajenados paisajes de la literatura romántica y su percepción de los afectos naturales de la vida en las desmesuradas e intensas experiencias ficticias de las obras que frecuentaba. Emma es víctima de una carencia y no esperará porque la vida condescendiente le llene, tendrá, “como en los libros”, una participación activa, y dicho desde ya, destructiva y enfermiza para mitigar su carencia. Sufrirá consecuentemente el fin de todos los que buscan imposibles: el martirio.

Su vacío le hará convertirse en una persona cuya obsesión por alcanzar la felicidad finaliza en una fijación. La fijación se resuelve en el fetiche, poderosa representación simbólica capaz de sustituir en nosotros el verdadero efecto del objeto ansiado. El sexo será el rito propiciatorio. Habrá que practicarlo y repetirlo una y otra vez, hasta lograr el propósito.

Emma está literaturizada. Su vida se ha encausado en una cárcel de la letra y las paredes de un convento. Emma sustituye la experiencia, al decidir vivir entre las del hábito y el velo, por la letra. La palabra juega el papel de mediador entre su experiencia de vida y la realidad de la misma. Su deseo era parecerse a la evocación romántica de sus libros, la placentera visión de su entorno, y no hacia más que parecerse a su parodia. Una parodia cruel por su realismo. Emma como sujeto se desdobla en la medida en que se enfrenta a una realidad extraña a la creída. Su noción visionaria de las cosas se ve corroída por la contundencia de lo real; es el típico anti-héroe de las letras modernas, encontrada con una realidad indiferente a sus deseos, con una humanidad tosca pendiendo de las letras como un cordón umbilical tóxico e insano.

A una transeúnte (Ensayo del baúl)

La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d’une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l’ourlet ;


Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l’ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.


Un éclair… puis la nuit ! – Fugitive beauté
Dont le regard m’a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l’éternité ?


Ailleurs, bien loin d’ici ! trop tard ! jamais peut-être !
Car j’ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
Ô toi que j’eusse aimée, ô toi qui le savais !


Charles Baudelaire, A une passante


La ciudad es el espacio común donde el hombre se vuelve anónimo, y de lo anónimo se hace genérico; y de genérico se erige él mismo en la ciudad. La ciudad se lleva dentro tanto como nos volcamos en la ciudad cuando vista como un reflejo de la dimensión vital donde el hombre se encuentra con los demás. En la ciudad el yo individual interactúa con el yo colectivo y en ese sentido es donde nos mediatizamos, donde nos urbanizamos. La ciudad es el objeto de la infatuación del hombre moderno. Como transeúntes traspasamos y brutalizamos la ciudad a la vez que somos traspasados por la vivencia sensorial de la ciudad. La modernidad está marcada por el hecho de que la relación hombre-entorno, deja de ser una relación natural  y sensual para convertirse en una relación sexual y humana.

Lo dicho hace posible la existencia de poemas como “A une passante” de Charles Baudelaire. Donde el poeta establece con la ciudad una relación tan tortuosa como la relación hombre-mujer. La ciudad es y contiene a la mujer inaprensible que el voyeur anhela en un momento único e irrepetible. No desea tanto a la mujer como al deseo mismo. Desea lo que la ciudad esconde y que le es revelado por una iluminación en su carácter más evanescente. Relámpago, mujer, ciudad, observador, son fotografiados en un instante íntimo y ajeno, develador e huidizo. La ambigüedad y la intrascendencia se combinan para crear una parcelación del continuo del devenir de la ciudad. La descripción instantánea, el retrato al minuto, de la ciudad es contrapuesto contra la perennidad del dolor del hombre ante su destino de tránsfuga, contra su imperecedera condición de doliente social.  

Hasta el momento de la visión la ciudad lo abruma. Entonces la mujer o la ciudad misma en un brillo accidental le devuelven al deseo, a la vida, pero pronto se apaga aquella luz pasajera que lo deja en penumbras peores. La vida se le ha ofrecido en la ciudad para luego abandonarle. La vida no se detiene, la ciudad no se detiene, la mujer no se detiene, solo el autor es testigo inmutable, estático y melancólico del tiempo en la ciudad impune.

El autor piensa que el azar ha dominado sus experiencias, no puede intencionalmente repetir la visión que le ha devuelto “al punto a la vida”, la ciudad vuelve a aullar en torno suyo”, la calle sigue “de riguroso luto y dolor soberano”. Pero es él quien puede sentir luto o dolor, no la calle, el defecto no está del todo en la ciudad, sus ojos son los que construyeron la ciudad.  De la ciudad sí es la transeúnte, lo fastuoso, lo bello, lo nuevo, lo que inquieta, “la dulzura que hechiza y el placer que da muerte”, lo deseable pero fatal, porque implica su propia mortalidad, su genérica mortalidad, el lugar común de todos los espectadores que pasarán como han pasado sus visiones. Vivir en el mundo del recuerdo es vivir en el mundo de la melancolía y la añoranza. Entonces lo eterno no es el sujeto o el objeto de observación, lo inmortal es el acto, el evento es imperecedero en la medida en que se repetirá en la ciudad. Si el evento es el encuentro, será su contraparte el desencuentro absoluto en el anonimato de la ciudad donde las caras están veladas. Como individuo, él no sabe dónde irá tampoco dónde irá ella. Seguramente va en dirección de nuevos desencuentros. Solo quizás, porque la ambigüedad y la duda prestan su tono al poema.

Baudelaire no es definitivo, tiene la vaguedad de una ciudad envuelta en la bruma, y de ahí su plurivalencia, su humana incongruencia, su choque con la ciudad y sus estatuas veneradas, su pesimismo.