Es como una flor. O eso parece. Algunas
tardes de verano Passiflora trepa por el muro acanto y llega hasta mi
balcón. Se enreda en el contramarco de mi ventana. Se abre. Y, mientras
bebo de a sorbitos el café, le sonrío como acariciándola. El vecino es
un tango tardío en las noches frescas de la Rue de Montblanc.
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